domingo, diciembre 06, 2009

Nosotros somos ricos, me decía, y compramos tiempo... y un viaje por el mundo, una vez por año, y un apartamento para nosotros dos. No nena, le contestaba yo, no somos ricos, pero tenemos la lluvia para nosotros, una ventana, y una caja de cigarrillos sin abrir.
Y nos poníamos a cantar Child will will you come on down / And come on in with me / Morning says to idle on / Stay clear of the street, oh / On the wing / And on the land / Can't you sing / With anything? / Do you wanna dance? / Do you? Do you? / Easy now, easy now / Stroke it, Noel / And they say we're lazy men (en esta parte ella gritaba women, los dos gritábamos women) / Drinkin' our white wine / You could go right insane / Cos we can buy the time / Keepin' an eye / On the sky / Will they come / Oh, the bombs.

viernes, noviembre 20, 2009


Se que este blog tiene el orgullo de servir de depositario para las más bellas letras contemporáneas, pero el autor de dichos prodigios también tiene un curro en la música y editó su primer Larga Duración. Entonces tiene que caer en el vicio marketinero. Las cosas de la vida...

Ci vediamo!

martes, noviembre 10, 2009

Algunas noches atrás escuché a mis vecinos mientras cogían. Pero la voz femenina no era la de siempre. Sus gemidos eran cortos y agudos, como si perdiera la respiración y la recuperara inmediatamente, pero sin ritmo, a los saltos. Me la imaginé con la boca abierta, cabalgando el cuerpo de su hombre con gestos desencajados. Estuvieron dándole cerca de media hora. Y más tarde de nuevo. Y más tarde otra vez. Luego del tercero ya no los escuché.
A la mañana me desperté y bajé hasta el almacén. En la puerta del edificio estaba mi vecino despidiendo a alguien, a su queridita ¿Cómo andás? Me guiñó un ojo, pero no como se lo guiña a un igual, sino como se lo guiña uno a un niño o un adolescente. Todo bien, todo bien, ando en busca de mi desayuno. A vos te deben de doler los huevos, pensé. Salí a la calle y a la fresca y agradable mañana de noviembre. La mujer iba caminando delante de mí, apuntándome con su culo. No estaba nada mal. De hecho, estaba realmente bien. Esto lo constaté al ver su perfil. Tenía buenas tetas.
Cuando volvía a casa, G. (ése era el nombre de mi vecino) estaba sentado en el zaguán del edificio, fumándose un cigarrillo ¿Querés uno? Acepté y me quedé de pie a su lado, mirando perplejo su panza cervecera ¿Está todo bien, no flaco? ¿Con qué? Buenísimo que esté todo bien, entonces. Vos jugala de callado. Che, hoy de noche vení a ver el partido, yo se que vos no tenés tele porque escucho la radio cuando la prendés, a vos te gusta el Toto y sos hincha de Nacional. Si, el Toto es el mejor comentarista, lejos. Subí.
La tarde pasó en una sucesión de hechos irrelevantes.
A las siete y media toqué timbre. Me abrió la mujer oficial y me preguntó qué quería. G. me invitó. A ver Uruguay. Ah, si, pasá. El apartamento de G. y su novia era lindo y ordenado, con olor a cigarrillo e incienso. Tenía una biblioteca y en ella muchos libros interesantes. Me resultó simpático que el televisor estuviera a un volumen bajo, casi inaudible. Desde una de las paredes los ojos de Zitarrosa contemplaban, límpidos y sombríos a la vez, la escena. Me sentía un poco incómodo, pero G. abrió una botella de cerveza y me extendió un cigarrillo. Era, por naturaleza, un anfitrión amabilísimo, sin que eso fuera forzado. Es difícil encontrar anfitriones amabilísimos. Es difícil ser un anfitrión amabilísimo. Bueno, no importa, él lo era.
Pasamos las siguientes dos horas dándole a la cerveza y fumando. Estuvo bien.

jueves, noviembre 05, 2009

Las paredes de la habitación - hechas de ladrillos húmedos venidos a menos – convergen en un techo abovedado. En una especie de tarima está sentado Joaquín Sabina, con su ridículo bombín y su poesía pretenciosa y bohemia. Canta y toca su guitarra para un público compuesto de cuarentones y cincuentones burgueses que agitan sus cabezas, fuman sus cigarrillos y beben sus whiskies caros. Todos encantados y frívolos. Fanáticos de la Guerra Civil Española, votantes de la izquierda oficial, muchos médicos, algún joven intelectual aspirante a poeta. Pero a fin de cuentas una masa es una masa. Indiferenciada.
En la puerta de acceso a la sala - perpendicular a la pared contra la cual da la espalda del músico -, contemplando la escena con desdén y con un revoleo de ojos arrogante, estoy yo. En la penumbra sólo mi andrógino rostro y mi brazo derecho, que sostiene un cigarrillo a medio fumar, son visibles. Estoy recostado sobre un lado de la puerta, mis piernas hacen un cuatro y mi pie derecho tiene sus dedos apoyados en punta sobre el suelo.
Joaquín Sabina mira sin mirar a los miembros del público, prestando especial atención a las mujeres que son atractivas. Pienso que todo el tiempo lo pierde justificando su propio mito idiota de mujeriego hedonista. Las veteranas atractivas son tan hermosas como insípidas, pienso. Joaquín Sabina se prende un cigarro y lanza un aburrido monólogo - con su ronca voz de borrachín y fumador empedernido, la vida boheme... - en el que alaba al país, al gobierno, al vino y a las mujeres uruguayas. Todos contentos. Seguimos con otra canción.
Yo lo miro. En cierto momento me sostiene la mirada, queriendo obligarme (esto es una evidencia irrefutable) a que baje la mía. No cedo. Lo contemplo desinteresado pero con una firmeza díscola mientras fumo. Joaquín Sabina interrumpe su canto, deja su guitarra en el suelo y camina hacia mí velozmente. A los gritos ¿Tú quién eres? ¿Tú quién eres? – Pregunta el imbécil, esperando una respuesta de vasallo. Yo no hablo. Solo lo miro a los ojos. El público nos observa en silencio, avergonzado o vayaunosaberquédiablos. Me quita bruscamente una especie de velo que me estaba cubriendo (recién en ese momento me doy cuenta que una larga y áspera tela blanca me cubría, haciéndome casi invisible) y continúa vociferando ¿Pero tú quien eres? ¿Tú quién eres?

martes, noviembre 03, 2009

miércoles, octubre 21, 2009

sin título I

Ella está yéndose a la cama con cualquiera que se lo pida. Ella siempre estuvo yéndose a la cama con cualquiera que se lo pida. Vos me alegrás la vida, me dice sonriente. Ah, el amor de una puta. ¿Quién pensó que no era agradable sentir ese tipo de afecto? Yo me quedo quieto, quieto, quieto, mientras ella besa mi cuello y me toca la entrepierna sin que se lo pida. Nos vamos al cuarto. Antes prendo un cigarrillo y sirvo vino para dos. Acostados. Sos un pibito lindo nene. Mis amigos se ríen con una mezcla de malicia y lástima cuando les digo que me gusta. Piensan de acuerdo a la ecuación de que si uno está necesitado cualquier cosa sirve. Amigos. Los míos son unos imbéciles rematados. Días atrás pensaba como ellos. Pero yo ya soy un hombre y ciertos juegos me fastidian.


Una noche tengo ganas de llevármela a la cama, pero ella prefiere quedarse en el bar. Con cara inocente me dice, mientras mira algo sobre mis hombros, mirá que no me voy a ir con nadie, me voy a portar bien. Salgo a la calle con un vaso de cerveza en la mano. Estoy en la equidistancia de la borrachera, la despreocupación, los celos y vaya a saber qué otras mierdas. Pero no importa, porque yo se todo lo que ocurre.


Dos días después aún no la he vuelto a ver. Un muchacho cuyo nombre no importa - y digo esto en el sentido más despectivo que pueda imaginar-, que tiene un mechón de canas en la tapa de su cabeza, me pregunta por ella. Haciéndome el desinteresado evito la pregunta. Che, ¿son novios ustedes? Che, ¿tenés alguna especie de retardo mental vos? Porque mirá que se fue del bar con el F. y se la cogió por el culo porque no tenía forro y ella estaba re caliente. Las miserias de una vida de porquería (para algunos), pienso. Son estas amebas de seres humanos las que hacen que en definitiva me sienta molesto y engañado, cuando en realidad no debería. Ella y yo tenemos un pacto tácito. Ella está yéndose a la cama con cualquiera que se lo pida. Ella siempre estuvo yéndose a la cama con cualquiera que se lo pida. Yo puedo hacerlo también pero soy feo, medroso y pacato, por eso nadie pide irse a la cama conmigo. O al menos eso pasa con poca frecuencia. Las mujeres a las que les gusto suelen ser raras, putas o locas.

Ayer me agarré tremendo estadete y hoy estoy trabajando de resaca. Muy lindo todo.